May 3, 2008

Dos predicciones para 2013


El domingo pasado, mi amigo Gustavo me invitó a ver un partido de polo a las afueras de Madrid. Me hizo recordar una escena de hace dos años en el Castillo de Windsor, a las afueras de Londres. En el contexto de un concierto privado de Sting, me presentaron al príncipe Charles, quien me estrechó su mano regordeta, y tan roja como los puños de su smoking. Yo susurré a mi lado que parecían las manos de un agricultor, y me soplaron que es de jugar al polo...


El lunes estuve en un hotel de Alicante en un seminario con el equipo directivo del Grupo Balneario de Archena. Lo dirigió Luis Huete, que aparece en acción. El seminario, sobre habilidades directivas y liderazgo, ha supuesto un nuevo impulso para el proceso de transformación que estamos poniendo en marcha en la empresa.


A media mañana tomamos café en la terraza del Hotel Sidi San Juan. Por suerte, soplaba brisa. Parecía la cubierta de un crucero. En el fondo, los procesos de transformación son como una larga travesía, que suele durar entre dos y cuatro años.


El miércoles, tras una reunión con el Grupo Ventura en Alicante, nos topamos con esta escena, que suele convertirse en objeto de conversación. Al igual que sucedía cuando hace diez años nos encontrábamos con alguien hablando por el móvil en la calle...

Actualmente, el 50% de la población mundial vive en ciudades. En 2050 se espera que la cifra alcance el 75%. Según expertos en urbanismo, el modelo más eficiente y menos contaminante es el crecimiento vertical de las ciudades. En consecuencia, las vías de comunicación estarán más saturadas y me aventuro a predecir que en 2013:

-Habrá que pagar un peaje para acceder en coche al centro de Madrid, al igual que en Londres.
-Madrid estará vertebrada por carriles para bicicletas, bicicletas con motor, segways y otros medios de transporte aún no inventados.

Si se cumplen estas dos predicciones, en Madrid y en muchas otras ciudades, ¿cómo afectarían a tu negocio (especialmente si te dedicas al retail)? Piénsalo.

El jueves fui con unos amigos a la Isla de Tabarca, a doce millas de Alicante. Esta era la vista desde el restaurante en el que almorzamos. El puerto, más bien pequeño, estaba lleno de barcos y tuvimos que acercarnos un momento para dejar a todos allí, y luego ir a echar el ancla afuera. A Miguel y a mi nos tocó volver a nado a la isla. El agua estaba menos fría de lo que parece. El verano está a la vuela de la esquina.